jueves, 10 de diciembre de 2009

La niña podrida - Capítulo III

Otra noche de entre tantas volvió a soñar. Esta vez que caía desde un precipicio y que luego paraba sobre los brazos de su amado osito de peluche. Y así ocurrió. Bueno, no cayó desde lo alto de un precipicio, pero si desde su cama y cayó sobre su osito. El osito quedó tan maltrecho como su dueña, y después de muchos implantes de algodón y de silicona descubrieron que el peluche no se podía arreglar.
Entonces volvió al pozo sin fondo de sus sueños y lloró. Y así, sin parar de derramar líquido gaseoso por sus órbitas, fue como inundó su casa y truncó la vida de sus familiares, quienes murieron ahogados por asfixia.
Ya sola en el mundo que le rodeaba, decidió buscar a alguien. Y ya que su sentido de la vista era no nato, optó por utilizar su oído.
Ahora empieza por marchitar sus pensamientos oyendo la televisión. Siente gran pena por las noticias que hablan de todas las personas muertas en guerras alrededor del mundo. Se emociona con las telenovelas en las que el guapo y rico se casa con la pobre y guapa, y piensa que, quizás, un día, podrá ser ella esa chica pobre y guapa. De momento, es pobre. También responde mal a las preguntas de los concursos y se ríe al conocer su ignorancia.
Vive, se pierde, escucha…pero vive. Busca algo que no sabe qué es. Revolotea por el mundo sin posarse nunca en él. Su vello (con v, lo bello con b es ausencia en este cuento) se enreda en morriña porque es marina su añoranza, pero dulce, o mejor, gratinada. El ambiente se extiende y acaricia la acidez de su piel como queso fundido, perdiendo su textura, su forma,…es un eco moribundo de la realidad que renace en sueños sobre pozos de los deseos.

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