Cerré los ojos... y oí la cuerda de un contrabajo rebotar contra el mástil, como un paso en el charco de una acera húmeda por la recién iniciada llovizna otoñal, acompasada con el estallido de una trompeta que explotaba como un paraguas al abrirse en flor bajo el tintineante piano, goteo continuo de armonías y, de repente, amaneció un saxofón seduciendo, con su aire exitante, la desnudez de los árboles.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

ohhhh
ResponderEliminarme rindo a ti...
pequeña niña lapa, eres grande, muuy grande!
(en serio, me encantas)
Dale un poco de más vida a esto, merece la pena, sobre todo para quienes te disfrutamos.
pd: vivan los caracoles!
¡Qué raro! ¡Una lapa colorada!
ResponderEliminar