La niña lapa conoció una vez, en el reflejo del charco, una historia de textura acuosa, por lo dramática de la existencia, tan efímera e inestable como una mariposa -o mejor como una polilla- de la niña podrida. No es sólo podrida por su mal estado frutal, sino por la intrínseca etimología de la palabra cocida en una "olla poderosa". Su voluntad de vida sobrevuela más allá de los sentidos para forjar mundos puramente emocionales ahogados en oniricidad mágica...
sábado, 13 de junio de 2009
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